Publicidad El paso internacional de Rumichaca vivió este jueves 12 de marzo una nueva jornada de bloqueo total, no por una disposición gubernamental de cierre, sino por una protesta de transportistas y sectores vinculados al comercio fronterizo. En la vía fueron ubicados tráileres y contenedores que impidieron la circulación vehicular entre las ciudades de Tulcán e Ipiales, mientras peatones y viajeros tuvieron que avanzar a pie y hacer transbordos para continuar su trayecto. La medida se radicalizó tras marchado y protestas pacíficas desarrolladas en ambos lados de la frontera, desde el pasado martes. Las manifestaciones rechazan la guerra arancelaria desatada este año entre Ecuador y Colombia. El 21 de enero de 2026, el Gobierno ecuatoriano anunció una “tasa de seguridad” del 30% a las importaciones colombianas, argumentando falta de cooperación en seguridad fronteriza, narcotráfico y minería ilegal; esa medida empezó a cobrarse desde el 1 de febrero. Colombia respondió con medidas recíprocas. El Decreto 0170 del 20 de febrero de 2026 estableció un arancel del 30% para determinados productos ecuatorianos desde el 24 de febrero, y además restringió el ingreso terrestre de algunas mercancías por Ipiales y Puerto Asís. Después, Ecuador resolvió elevarla al 50% a partir del 1 de marzo. De inmediato, la Presidencia colombiana también anunció la ampliación del porcentaje de los aranceles al 50%. MOTIVOS DE LA PROTESTA Edison Mena, presidente de la Asociación Colombiana de Camioneros, resumió el impacto de las medidas de ambos gobiernos sobre su gremio al afirmar que hay una “pérdida total de empleo” y un golpe directo al trabajo formal en la frontera. Señaló además que el transporte de carga está parado en más del 90%, una cifra que muestra hasta qué punto la protesta ya no es solo una advertencia gremial, sino una señal de colapso operativo. La dimensión social del problema también crece. Según estimaciones de los gremios de comerciantes de ambos lados de la frontera, más de 3.000 familias dependen directamente de estas actividades, mientras otros balances elevan la alerta a 40.000 empleos fronterizos en riesgo y más de 200 empresas afectadas por la crisis. En ciudades como Tulcán e Ipiales, donde el comercio binacional es parte de la economía cotidiana, cada día de bloqueo deteriora ventas, empleo, turismo de compras y abastecimiento. COMERCIO TERAPIA INTENSIVA En Tulcán, Nelson Cano, presidente de la Cámara de Comercio de Tulcán, reportó que el flujo de mercadería que llega desde Colombia por Rumichaca cayó un 80%, mientras que la actividad económica en el puente se redujo al 10%. La parálisis no solo golpea a importadores y exportadores: también vacía bodegas, reduce viajes, frena la carga y deja sin movimiento a toda la cadena logística. Cano, ha descrito el momento como crítico. El dirigente sostiene que el movimiento comercial de Rumichaca está “prácticamente muerto” y advierte que nuevas alzas arancelarias pueden convertirse en un “jaque mate” para la frontera. Cano también ha señalado que la provincia depende del transporte de carga, el comercio internacional y la agricultura, por lo que la disputa entre ambos gobiernos pone en riesgo empleo y estabilidad económica. Desde Ipiales, Iván Flórez Portilla, presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio, trazó un panorama igual de preocupante. En entrevista en el noticiero de Radio X FM, explicó que la actividad económica en Rumichaca cayó al 10% y planteó que la zona necesita una respuesta extraordinaria de ambos gobiernos para evitar un deterioro mayor del comercio. Publicidad