febrero 2026

Ecuador, Imbabura

TRÁNSITO EN PAUSA: MOVIDELNOR SUSPENDE SERVICIOS EN LA MANCOMUNIDAD DEL NORTE

Publicidad Los trámites de tránsito siguen frenados en el país y la medida ya tiene impacto directo en el norte del Ecuador. Desde este 2 de febrero de 2026, la Empresa Pública de Movilidad del Norte (Movidelnor EP), suspendió temporalmente los servicios de matriculación y revisión técnica vehicular en todos sus centros de atención de la Mancomunidad del Norte, conformada por 15 municipios de las provincias de Imbabura, Carchi, Esmeraldas y Pichincha. La suspensión se da tras los allanamientos a las oficinas de la Agencia Nacional de Tránsito (ANT) en Quito y otras ciudades del país, por presunta delincuencia organizada, lo que derivó en la suspensión de operaciones y en la desactivación del sistema AXIS 4.0, indispensable para los procesos de tránsito a escala nacional. Por ello Movidelnor EP en un comunicado explicó que mientras no exista una disposición clara de la institución investigada, que es su ente rector, los servicios no podrán retomarse con normalidad. Actualmente se mantiene habilitado únicamente el módulo de renovación de placas provisionales y el servicio de información. GOBIERNO PLANTEA QUITARLES LA COMPETENCIA DEL TRÁNSITO A LOS MUNICIPIOS En medio de esta crisis, el debate subió de tono en la Asamblea Nacional. Ante la Comisión de Fiscalización, el ministro del Interior John Reimberg fue contundente al señalar que a los municipios “les quedó grande” la competencia de regular el tránsito, responsabilizándolos de los casos de corrupción detectados en la emisión de licencias, matrículas y revisiones técnicas vehiculares. En ciudades como Durán y Manta -intervenidas por el Gobierno desde hace seis meses-, se detectaron redes dedicadas a la emisión de documentos fraudulentos, eliminación ilegal de multas, venta de especies y hasta legalización de vehículos robados, algunos provenientes incluso de Colombia y Perú. Para el Ejecutivo, estas dependencias estaban copadas por estructuras de delincuencia organizada. La postura oficial va más allá: el Gobierno plantea retirar la competencia de tránsito a los municipios, al considerar que ni los grandes, ni los medianos, ni los pequeños están en capacidad de administrarla, calificando la gestión local como “un desastre”. Mientras tanto, la investigaciones en la ANT continuarán, por lo que la suspensión de servicios podría extenderse hasta un mes, aunque será evaluada nuevamente en 15 días. Para conocer qué opina la ciudadanía imbabureña, un equipo de CRÓNICAS DEL NORTE recorrió el centro de la ciudad de Ibarra. “El problema no solo está en las oficinas, también hay corrupción en la calle. Los agentes de tránsito parecen extorsionadores. Salen a pedir dinero a los conductores para no sancionarlos y hacen controles selectivos. Eso no es percepción, es algo que me pasó a mi y le pasa a mucha gente todos los días. Por eso apoyo que se les quite la competencia y que el Estado retome el control”, dijo el conductor Fabián Buitrón. Jairo Avendaño, conductor de un vehículo de carga fue más allá. Dijo que todos los días sale con miedo a trabajar, porque en cualquier momento un agente lo puede detener. “En las vías ya no se habla de control, sino de vacunación. Hay agentes que paran no para hacer cumplir la ley, sino para ver cuánto pueden sacar. Si no pagas, aparece la multa; si pagas, el problema desaparece. Eso es corrupción”, aseveró. En este escenario, la paralización de los sistemas y servicios de la ANT evidencia un problema estructural que llega hasta lo local. Refleja una crisis nacional que mantiene en vilo a miles de usuarios y abre un debate de fondo sobre quién debe manejar el tránsito en el Ecuador.

Imbabura

TEATRO HUMBOLDT REABRE SUS PUERTAS Y SE PROYECTA COMO EJE CULTURAL DE PIMAMPIRO

Publicidad La reapertura del Teatro Humboldt marcó un punto de inflexión para la vida cultural de Pimampiro. Tras 70 años de historia, este espacio patrimonial volvió a operar como escenario dedicado exclusivamente a las artes escénicas, la música y la creación cultural, luego de un proceso integral de rehabilitación que preservó su identidad original y lo reposiciona como referente cultural para Imbabura y el país. Concebido desde su origen con fines culturales, el teatro retoma su función histórica como punto de encuentro ciudadano y plataforma para la expresión artística. HISTORIA DEL BIEN PATRIMONIAL Fundado en 1956 por Fermín Zuleta, el Teatro Humboldt tomó su nombre, según la tradición local, en homenaje al científico alemán Alexander von Humboldt. Durante décadas fue el principal centro cultural del cantón, acogiendo proyecciones cinematográficas, actos sociales y certámenes como la coronación de la Reina del Tomate y del Anís, eventos que forman parte de la memoria colectiva de Pimampiro. En 2008, el inmueble fue declarado bien patrimonial por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, y en 2024 recibió la declaratoria de utilidad pública, respaldada por una ordenanza cantonal vigente desde 2017 para la protección del patrimonio arquitectónico, cultural y natural del cantón. REHABILITACIÓN, INVERSIÓN Y GALA DE INAUGURACIÓN La intervención comenzó en enero de 2025, durante la administración del alcalde Oscar Narváez, con un plazo de 210 días y una inversión que sobrepasa los 300 mil dólares. Los trabajos se ejecutaron sobre un área de 500 metros cuadrados e incluyeron la adecuación de butacas, señalética, pantalla, cortinajes, sistemas contra incendios, equipamiento técnico y mobiliario. El proyecto priorizó la conservación de elementos originales como apliques y pinturas decorativas de la década de los cincuenta, e incorporó un pasillo subterráneo para el acceso directo de artistas al escenario. La reapertura oficial se celebró el último fn de semana con una gala solemne que llenó las 320 butacas del teatro. La programación artística contó con la participación de la Orquesta Sinfónica de Ibarra, presentaciones de ballet, el Dúo Cantábile, el Dúo Guaytambo y la actuación especial del artista pimampireño Segundo Rosero, quien volvió al escenario donde inició su carrera artística. El acto reunió a autoridades locales y provinciales, representantes del Ministerio de Cultura y Patrimonio, delegaciones diplomáticas, entre ellas el embajador de Alemania, Jens Peter Lütkenherm, familiares del fundador y ciudadanía en general. “Preservar nuestro patrimonio no es un lujo, es un deber. Este teatro vuelve a la vida para ser un espacio de encuentro ciudadano, de formación artística y de proyección de nuestros talentos locales”, dijo Óscar Narváez alcalde de la localidad. El Teatro Humboldt abrió sus puertas con una agenda cultural gratuita que incluyó un festival musical durante el último fin de semana. Con este nuevo ciclo, el teatro vuelve a ser el guardián de la cultura de Pimampiro y el escenario propicio para el desarrollo artístico de este rincon del norte del país.

Imbabura

ZULETA SE CONVIERTE EN PUENTE CULTURAL ENTRE ECUADOR Y JAPÓN

Publicidad Durante seis horas, la comunidad de Zuleta, al sur del cantón Ibarra, fue escenario del Encuentro para el Intercambio Cultural Kichwa–Japón, una jornada que reunió saberes ancestrales, prácticas contemporáneas y expresiones identitarias de pueblos andinos y japoneses. El evento se desarrolló en el centro cultural y deportivo de la comunidad y congregó a habitantes locales, visitantes nacionales y voluntarios extranjeros vinculados a procesos de cooperación internacional. La feria contó con al menos 25 stands, donde se exhibieron bordados a mano de Zuleta, artesanías en totora de la parroquia San Rafael de la Laguna, de Otavalo, y piezas alusivas a la cultura japonesa. La vestimenta se convirtió en uno de los ejes simbólicos del encuentro: mujeres imbabureñas dejaron momentáneamente el anaco y las blusas bordadas para vestir kimonos, mientras visitantes japonesas lucieron indumentaria tradicional kichwa, en un ejercicio de intercambio cultural visible y participativo. INTERCAMBIO CULTURAL Y COOPERACIÓN INTERNACIONAL El evento se enmarca en un proceso de trabajo sostenido con la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA), que mantiene voluntarios en Imbabura desde hace dos años, enfocados en desarrollo económico y fortalecimiento territorial. “Gracias a la colaboración con la cooperación japonesa hemos tenido voluntarios que trabajan en desarrollo económico y en el Geoparque Imbabura, fortaleciendo capacidades locales”, explicó José Boada, director de Desarrollo Económico y Geoparque Imbabura. Boada detalló que el intercambio involucró a tres pueblos: Kichwa Karanki, Kichwa Otavalo y Japón, y que la vestimenta fue “una excusa artística para aprender la cultura, escribir nombres en japonés y generar un espacio de encuentro”. El proceso incluyó, además, capacitaciones previas en Otavalo sobre marketing, marketing digital, trabajo en equipo, asociatividad y desarrollo territorial, impartidas por cuatro voluntarios japoneses especialistas. El intercambio también se expresó en el ámbito educativo y creativo. Niños y jóvenes aprendieron símbolos y escritura japonesa, mientras los visitantes ensayaban palabras en castellano y kichwa. Hubo talleres de origami, demostraciones de escritura japonesa como expresión artística y un desfile de modas sobre alfombra roja, donde se mostraron prendas y productos de ambas culturas. Desde San Rafael de la Laguna, artesanos compartieron su trabajo ancestral con la totora. “Ancestralmente trabajamos la totora: artesanías, muebles y ahora también gastronomía. Ya hacemos pan y chicha de totora”, relató Antonio Tocagón, presidente de la localidad, quien destacó que los voluntarios japoneses aportaron conocimientos sobre turismo y organización de ferias. Para Kengo Akamine, representante residente de JICA en Ecuador, el objetivo central fue el aprendizaje mutuo. “Es una oportunidad para aprender la identidad, la creatividad y la fuerza cultural de las comunidades de Imbabura”, señaló, al tiempo de resaltar el valor del bordado de Zuleta como elemento con potencial de proyección internacional. El Encuentro Kichwa–Japón dejó en Zuleta una experiencia de intercambio directo, donde la cultura, la artesanía y el conocimiento se convirtieron en herramientas para promover el territorio, atraer visitantes y proyectar los productos de Imbabura hacia escenarios internacionales. Publicidad

Ibarra

SIN PIERNAS, PERO CON FUTURO: LA VIDA DE CRISTIAN ACOSTA OCHO MESES DESPUÉS DE LA TRAGEDIA

Publicidad La vida de Cristian Andrés Acosta Congo, de 31 años, exfutbolista profesional, cambió para siempre desde el 3 de junio de 2025. Un accidente de tránsito ocurrido al interior de una empresa azucarera ubicada en el valle del Chota le provocó la amputación de ambas piernas. Hoy, desde una vivienda en el sector Lomas de Azaya, al noroccidente de Ibarra, enfrenta una nueva rutina marcada por el dolor físico, la precariedad económica y una batalla judicial que nunca llegó a instalarse; pero también por la fe, el amor y la decisión de no rendirse. Cristian había dejado temporalmente el fútbol tras una lesión de ligamento cruzado anterior en 2024. En medio de la falta de trabajo, aceptó laborar por días en el ingenio como estibador. Laboró 21 días y acudió en tres ocasiones a cobrar su remuneración. “Una vez me dijeron que no había dinero, otra que no estaba la persona que pagaba. A la tercera vez fui porque ya le habían pagado a un primo”, recuerda. Ese día, tras recibir su pago, salió en su motocicleta del interior de la empresa. Nunca logró salir del recinto. Un camión cargado de caña lo embistió. “Vi que bajaba embalado, con música a todo volumen. Me asusté, frené, la moto rodó y fui a dar a las llantas del camión. Me arrasó la pierna derecha y parte de la izquierda. Frenó cuando ya me había destrozado”, lamenta. El chofer, según su testimonio, huyó del lugar. Cristian quedó tendido en el suelo, pidiendo ayuda. “Solo un amigo me consolaba. La empresa no me ayudó. Tenían ambulancia, pero dijeron que no había chofer”. La asistencia llegó desde Ambuquí, a través del ECU 911, tras aproximadamente 15 minutos. Fue trasladado a una clínica privada, donde permaneció cuatro días en la unidad de cuidados intensivos. “Mi vida colgaba de un hilito”. Al despertar, ya no tenía mis piernas. “Lo tomé con calma. Acepté. Quizás Dios tenía otro propósito”, dice resignado. EL ACCIDENTE QUE NO LLEGÓ A JUICIO Ocho meses después, no existe una sentencia. El conductor del camión no fue a prisión y nunca se instauró un juicio. “Nos dijeron que mejor dejemos el caso, que el peritaje salió en mi contra, que podían cobrarnos los gastos médicos”, afirma Cristian. Su abogado le recomendó no continuar. “Juicio nunca hubo”. Asegura que el camión fue lavado mientras estaba bajo custodia, y que el chofer continúa conduciendo la misma unidad. “Sigue feliz de la vida. Eso es lo injusto”, comenta. La empresa donde se produjo el siniestro pagó 45 mil dólares en la clínica donde llegó en estado crítico.  “Luego nadie vino a preguntar cómo estaba”. Cristian insiste en que buscará justicia. “No quiero impunidad. No voy a dejar esto así”, asegura. EL AMOR COMO REFUGIO Y LA FE COMO MOTOR Cristian se había casado cuatro meses antes del accidente. Hoy, su esposa, Karelis Leonela Suárez Méndez, de 25 años, es su principal apoyo y cuidadora. “Dependemos el uno del otro. Mi día a día es ella: el desayuno en la cama, las curaciones, todo”, dice Cristian con una sonrisa en el rostro. Karelis dejó de trabajar para cuidarlo a tiempo completo. “Nunca me imaginé una vida así, pero mientras sea con él, todo”, dice convencida la mujer. La pareja no recibe apoyo estatal ni bono, ya que la discapacidad de Cristian fue calificada en 40%, insuficiente para acceder a ayudas. Su situación económica es crítica. Viven en una zona alta, con gradas que dificultan su movilidad. “Salir o entrar es una lucha diaria”, relata Karelis. Además, Cristian ha ingresado tres veces más al quirófano tras el accidente, para corregir errores de las anteriores operaciones. A pesar de todo, Cristian sonríe. Juega con Nena, su perrita rottweiler. Mira fotografías de su pasado en la cancha, con el uniforme del Deportivo Quito y otros cuatro equipos profesionales donde jugó durante más de una década. “El fútbol no me dio riquezas, me dio vida”, afirma. Hoy sueña con volver a caminar, acceder a prótesis y convertirse en coach motivacional. “Quiero ayudar a otros, ser testimonio de que se puede seguir”. Para Cristian, la tragedia no apagó su esencia. “No me quitó mi felicidad, me quitó mi independencia. Pero sigo aquí”. En medio del dolor, su historia se levanta como un relato humano que interpela a la justicia, al sistema y a una sociedad que muchas veces mira, graba y sigue de largo.

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