EL CORTIJO CONSOLIDA SU CUY AL HORNO COMO REFERENTE GASTRONÓMICO EN CHALTURA
Publicidad En Chaltura, cuando se habla de cuy, se habla en serio. Y en medio de esa tradición que atraviesa generaciones, hay un nombre que suena con fuerza propia: El Cortijo. Un restaurante campestre cuya especialidad, el cuy al horno, se ha convertido en su sello y en el motivo principal por el que miles de comensales de distintas provincias de Ecuador e incluso extranjeros, llegan hasta este rincón de Antonio Ante, en Imbabura. El plato no nació por casualidad. Fue una decisión. Mientras la mayoría apostaba por el cuy frito, aquí eligieron el horno. El resultado es una preparación más ligera, con menos grasa añadida, pero con el mismo carácter de la receta tradicional. El secreto está en el aliño. “Ahí está el toque mágico, además le ponemos mucho amor”, afirma Blanca Terán, mentora del lugar y heredera de una receta que aprendió observando a su madre. LA DIFERENCIA ESTÁ EN EL HORNO El Cortijo abrió como restaurante en 2018. Tenía apenas medio año de funcionamiento cuando decidió participar en la Feria Internacional del Cuy realizada en la parroquia Andrade Marín de Antonio Ante. Competían propuestas de Ecuador, Colombia, Perú y Bolivia. El suyo era el único cuy al horno del certamen. El jurado, compuesto por chefs internacionales, evaluó sabor, técnica y presentación. El veredicto fue contundente: mejor plato de cuy del evento. Ese reconocimiento marcó un antes y un después. No solo validó la apuesta por el horno, sino que posicionó al restaurante dentro de una oferta gastronómica cada vez más competitiva en la provincia. Desde entonces, visitantes de Pichincha, Tungurahua, Chimborazo, Guayas y otras provincias, así como turistas colombianos y estadounidenses, han llegado hasta Chaltura atraídos por la recomendación boca a boca. El proceso de preparación es riguroso desde el inicio. Selección cuidadosa de proveedores, estándares de asepsia estrictos y una preparación primaria que garantice calidad. “Si se trabaja con asepsia y con buenos productos, vamos a tener un buen resultado”, explica Blanca. El cuy se faena, se limpia y se alinea con una mezcla que se ha transmitido de generación en generación. Luego entra al horno hasta alcanzar el punto exacto: piel crocante, carne jugosa.El plato se sirve con papa cocinada tradicional, ensalada fresca y un tostado preparado con las menudencias. Es una presentación completa, pensada para mantener la esencia andina del plato. UN RESTAURANTE QUE RESPETA SU ENTORNO El espacio también es parte de la experiencia. El Cortijo funciona en una propiedad familiar con más de 120 años de historia, conservada por generaciones. En lugar de transformar el terreno por completo, la familia decidió preservar el huerto frutal que siempre caracterizó al lugar. La construcción ocupa solo la parte frontal. El resto es naturaleza abierta, árboles, aire limpio. La propuesta es clara: gastronomía con identidad en un entorno campestre auténtico. Es un emprendimiento familiar. Hijos y nietos participan en distintas áreas. Además, genera empleo para otras familias de la parroquia. El restaurante atiende sábados, domingos y feriados nacionales, de 11:00 a 17:00, y recibe grupos entre semana bajo reservación. Blanca, maestra jubilada de 75 años, regresó a Chaltura después de trabajar en varias provincias. Pensó en abrir un espacio de capacitación comunitaria. El destino la llevó a otra forma de servicio: la mesa. “Estamos gustosos para seguirles atendiendo de todo corazón”, dice. Pero más allá de su historia personal, lo que ha terminado definiendo al lugar es el plato. En un territorio donde el cuy es tradición centenaria, El Cortijo ha logrado diferenciarse apostando por una versión que respeta el origen, pero ofrece una experiencia distinta. No se trata solo de comer, sino de sentarse en un espacio con historia, probar un cuy al horno premiado y entender por qué, en Chaltura, la cocina también es identidad.

