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ÁRBOL CAYÓ SOBRE UN VEHÍCULO EN OTAVALO Y UNA PERSONA RESULTÓ HERIDA

La tarde de este jueves 28 de agosto de 2025, un árbol se desplomó sobre un vehículo en la vía Otavalo–Quiroga, entre el puente de Río Blanco y la entrada a San Luis de Pigulca. La conductora del automotor resultó herida tras el impacto. Fue auxiliada en el sitio por Bomberos de Otavalo y agentes civiles de tránsito, quienes coordinaron la asistencia a través del Sistema ECU 911 de Ibarra. Posteriormente, la mujer fue trasladada a una casa de salud, donde se encuentra en condiciones estables. Por motivos de seguridad, el tramo afectado permaneció cerrado temporalmente mientras se retiraba el árbol de gran tamaño que bloqueaba la vía. Minutos más tarde, el tránsito fue habilitado de manera parcial, aunque las autoridades recomiendan a los conductores circular con precaución. La causa del incidente está bajo investigación, aunque los rescatistas no descartan que el árbol se vino abajo por los fuertes vientos propios de la temporada seca.

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FESTIVAL PAWAY, PINTO DE COLORES EL CIELO DE PEGUCHE

Con carrizos, piolas, plásticos y materiales reciclados en las manos, más de 100 familias llegaron a la comunidad de Peguche, en la parroquia Migel Egas Cabezas, norte de Otavalo, para participar en el festival Paway, una tradición que desde hace 11 años convierte a este poblado en un espacio de encuentro cultural y familiar. Paway en kichwa significa “volar” y ese fue el espíritu que envolvió la jornada. Desde temprano, los taitas y guaguas (padres y niños) trabajaban juntos en la elaboración de las cometas sobre el cesped del estadio local. Calculaban el peso del carrizo, cortaban plásticos de colores y amarraban piolas, mientras las warmis (mujeres) preparaban los hilos y cordeles que darían firmeza a cada creación. Había una regla sencilla pero escencial. Todas las cometas participantes debían ser elaboradas en el lugar de manera artesanal. HISTORIAS QUE VUELAN CON EL VIENTO Cada grupo buscaba dejar su huella en el cielo de Peguche. Enrique Guanoluisa, llegó con su familia desde Cotacachi. El presentó una diminuta cometa de apenas cinco centímetros hecha con pajonales y plástico, que sorprendió por su capacidad de volar. «Mi cometa está hecha a escala. Es como las grandes, solo que en tamaño miniatura. Hacerla me tomó dos horas. Fue complicado porque tocó hacer mediciones y varias pruebas. Pero lo más importante es que la hice volar», dijo el participante. En contraste, Luis Cabascango, con sus siete hijos y su esposa, levantó una cometa azul con la figura del Diablo Huma. Al inicio no lograba elevarse, pero tras varios intentos y ajustes, el viento la llevó hasta las nubes entre aplausos y abrazos. Hubo cometas de hasta seis metros, pintadas y decoradas con esmero, y diseños originales como un esqueleto que, al moverse, parecía un títere danzante en el aire. UNA TRADICIÓN QUE UNE A LA COMUNIDAD Más allá del concurso —que premiaba la cometa más grande, la más pequeña y la mejor decorada— el festival fue un espacio de convivencia. Durante ocho horas, los asistentes disfrutaron de juegos tradicionales como el jervis, parecido a las quemadas o los marros, donde dos equipos de 10 personas se enfrentan. El que inicia el juego debe derribar con una pelota al menos un tejo de tres torres de siete piezas cada una, y luego una de sus tres integrantes debe volver a armar las torres con una mano, evitando ser quemada con la pelota por los integrantes del equipo contrario. También se organizaron carreras de sambos, encostalados y algunas familias midieron sus fuerzas jalando la soga, actividades que buscaban alejar a los niños de las pantallas y devolverles la alegría de lo comunitario. Andrés Pichamba, del colectivo Kawsay Wamprakuna, destacó que junto al grupo Tullpuy y jóvenes de la comunidad se han encargado de mantener viva esta costumbre. “Son 11 años organizando el festival Paway. Queremos que siga creciendo y que cada año más familias se reencuentren con nuestras raíces”, aseguró. Así, entre risas, colores y viento, los habitantes de Peguche y algunos visitantes, evocaron al pasado y revitalizaron su identidad, en la víspera del regreso a clases.

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BOMBEROS Y  GUARDAPARQUES VIGILAN EL PÁRAMO DE PIÑÁN, TRAS LIQUIDACIÓN DE INCENDIO FORESTAL

El incendio forestal que fue reportado el pasado lunes al sistema ECU 911 en los páramos de Piñán, dentro del Parque Nacional Cotacachi-Cayapas, quedó finalmente liquidado la tarde del viernes, luego de cinco días de intenso trabajo. El último reporte del COE Cantonal de Cotacachi reveló que la emergencia dejó una afectación de 1.584 hectáreas de pajonal y ecosistemas altoandinos. Durante toda la semana, entraron y salieron de la zona cerca de 300 brigadistas, entre bomberos de Cotacachi, Quito, Ibarra, Urcuquí, Otavalo y Antonio Ante, guardaparques del Ministerio del Ambiente y comuneros de Piñan, Imantag y Buenos Aires de Urcuquí. A diario enfrentaron condiciones extremas: vientos de hasta 40 kilómetros por hora, humedales, pantanos, topografía irregular con pendientes de hasta 60 grados de inclinación y ausencia de lluvias. El siniestro se propagó por zonas como Pantaví, Purafó, Pilavo, Piñan y Buenos Aires. “El viernes, al finalizar la tarde, se logró liquidar el último foco del incendio. La comunidad y las instituciones trabajamos hombro a hombro para salvar este patrimonio natural”, informó Geovanny Zamora, comandante del Cuerpo de Bomberos de Cotacachi. Aunque el fuego fue sofocado, el riesgo aún no desaparece. Zamora informó que este sábado 23 de agosto de 2025, quince bomberos y veinte guardaparques vigilan la zona, para actuar de inmediato si se reactivan las llamas. IMPACTO AMBIENTAL Aunque el área quemada representa solo 0,5% de la reserva, que tiene más de 220 mil hectáreas de extensión, es una pérdida crítica para la biodiversidad. Millones de pajonales se redujeron a cenizas. Sin esta cobertura vegetal, se afecta la función reguladora de agua que cumplía este ecosistema, de donde nacen las cuencas del líquido vital que abastecen a Imbabura y Esmeraldas.

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IMBABURA TIENE NUEVO SECRETARIO DE LOS CHOFERES PROFESIONALES

Después de meses de disputa legal, la justicia provincial despejó el camino para que Cristóbal Moncayo Taboada asuma como secretario general del Sindicato de Choferes Profesionales de Imbabura. Su elección, realizada el 5 de abril de 2025, había quedado en suspenso por la acción de protección presentada por Edwin Vásquez Mera, dirigente que ocupó el cargo durante 16 años. El proceso se tornó polémico cuando el Tribunal Electoral del sindicato descalificó la candidatura de Vásquez antes de las votaciones, lo que generó enfrentamientos internos. A pesar de que un juez ordenó suspender los comicios, la directiva electoral decidió realizarlos bajo el argumento de que sus estatutos lo permitían. Tras la apelación, la Corte Provincial determinó que no existieron vulneraciones a los derechos constitucionales y validó la elección. Con esta decisión, Moncayo se convierte oficialmente en el nuevo líder del gremio, poniendo fin a una etapa prolongada de reelecciones consecutivas y abriendo un capítulo distinto para la organización de choferes más representativa de la provincia.

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OPERATIVO MILITAR GOLPEA LAS FINANZAS DE GRUPOS DELICTIVOS DEDICADOS A LA MINERÍA ILEGAL EN URCUQUÍ

El verde intenso de las montañas de la parroquia Buenos Aires de Urcuquí, contrasta con las huellas de destrucción que deja la explotación minera. Allí, en lo profundo de Imbabura, el Ejército Ecuatoriano ejecutó uno de los operativos más contundentes de los últimos meses contra esta actividad, dejando al descubierto el poder económico y logístico de estas mafias. El despliegue de los uniformados golpeó directamente a las estructuras clandestinas. Los uniformados destruyeron 10 procesadoras tipo chancha, 12 chancadoras, 71 cambuches, 47 motores de luz, 21 motosierras, 29 taladros, 32 rotomartillos, 36 tanques de gas y 13 bombas de agua. También se incautaron 1531 sacos de material aurífero, 630 galones de combustible, sacos de carbón y cianuro, armas, explosivos y hasta uniformes de las Fuerzas Armadas colombianas. “Hemos dado un golpe económico estimado en más de 3,5 millones de dólares a las estructuras que financian la minería ilegal. Esta operación es parte de nuestro compromiso permanente con la seguridad de la frontera norte y la protección del medioambiente”, afirmó Milton Santillán, comandante  del Batallón de Infantería Motorizado N.°39 Mayor Galo Molina, quien dirigió una de las columnas militares que ingresó al sector. La operación se extendió por varias horas, bajo condiciones extremas, en medio de trochas fangosas y pendientes agrestes. Allí, los soldados encontraron también puestos de observación con nidos de ametralladora y material bélico. Para el teniente coronel Cristian Ruales, comandante del Grupo de Caballería Mecanizada N.°36 Yaguachi, este hallazgo revela un riesgo adicional. “No hablamos solo de minería ilegal, hablamos de estructuras con armamento y logística propia. Nuestra misión es clara: desarticularlas y garantizar la paz en la zona”. El Ejército anunció que mantendrá su presencia permanente en el sector, para evitar la reactivación de los campamentos.

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FUEGO DEVORA EL PARQUE NACIONAL COTACACHI CAYAPAS: 1400 HECTÁREAS EN CINCO DÍAS

El fuego no da tregua. Durante 96 horas consecutivas, brigadistas, bomberos y guardaparques de distintas partes del país, han librado una batalla extrema contra las llamas que consumen el Parque Nacional Cotacachi Cayapas, en la zona de Piñan del cantón Cotacachi. Hasta este viernes, la emergencia ha dejado 1.485 hectáreas arrasadas, equivalentes a 2.000 canchas de fútbol, y mantiene activos dos focos de fuego. Uno de los frentes más críticos está en Pantaví a los pies del cerro Yanahurco, a 3 horas y media de la zona urbana de Cotacachi. Allí, bomberos de esa localidad, con el apoyo de bomberos de Quito, Ibarra y Urcuquí, junto a guardaparques de Imbabura y Cotopaxi, enfrentan jornadas de hasta 10 horas ininterrumpidas de soficación de las llamas. A su lado, trabajan unos 50 comuneros que decidieron sumarse, pese al riesgo. “Hemos establecido un campamento en una zona segura, frente al incendio, para abastecer de hidratación, alimentación y logistica a nuestro personal. Aquí pernoctaremos hasta liquidar por completo el fuego», manifestó Geovanny Zamora, Comandante del Cuerpo de Bomberos de Cotacachi y jefe del operativo. Según Marco Quinotoa, jefe de la Brigada de Apoyo Contra Incendios de Quito, las condiciones topográficas y el viento que alcanza los 40 kílómetros por hora y cambia de dirección inesperadamente, dificultan las tareas de control. Con drones, monitorean el avance del siniestro y despliegan al personal, según la necesidad. Este viernes, en el quinto día de operaciones, 130 bomberos y guardaparques intentan frenar el avance con la técnica del fuego controlado, en donde los brigadistas encienden una línea de llamas que avance en dirección del viento y se una al incendio principal para restarle combustible y sofocarlo. El otro foco de este incendio forestal, el de mayor magnitud de 2025 en el país, avanza en el flanco occidental de la cordillera, a 4.000 metros de altura, hacia la parroquia Buenos Aires de Urcuquí. Aunque el COE Cantonal asegura que el incendio está controlado en un 70%, la magnitud del desastre ambiental revela que la lucha aún no termina.

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IMBABURA POTENCIA SU TURISMO CON LA METODOLOGÍA SCORE HOCO DE LA OIT

La provincia de Imbabura se convirtió en escenario de un proceso de fortalecimiento turístico con la aplicación de la metodología SCORE HOCO, un programa desarrollado por la Organización Internacional de Trabajo (OIT), que une una metodología estructurada con el enfoque práctico y humano del coaching para fortalecer la competitividad, sostenibilidad y condiciones laborales de empresas turísticas mediante formación presencial y asesoría personalizada. La iniciativa fue impulsada por el Ministerio de Turismo del Ecuador y la Fundación Municipal Turismo para Cuenca. Un total de 45 empresarios del sector participaron en la capacitación que busca mejorar la productividad, competitividad e innovación de sus negocios. Durante cuatro días, en el Complejo Cultural Fábrica Imbabura, se desarrollaron talleres presenciales y asesorías individuales, complementadas con hasta seis visitas técnicas en modalidad mixta. Esta metodología permitió que los participantes accedieran a conocimientos prácticos y asesoría especializada para fortalecer su gestión empresarial. De las compañías involucradas, 20 recibieron el proceso de manera gratuita, lo que representa una oportunidad clave para impulsar su crecimiento con respaldo técnico y estratégico. Estas jornadas fortalecieron el sector turístico local con nuevas herramientas para enfrentar los retos de un mercado competitivo, indicó Marcelo Burbano, director zonal del Ministerio de Turismo.

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MÁS DE 50 BRIGADISTAS Y COMUNEROS INTENTAN APAGAR EL INCENDIO FORESTAL MÁS DEVASTADOR DE 2025 EN IMBABURA

Al menos mil hectáreas de pajonales de las zonas de Piñán, Purafó, Pantaví y Pilavo, que forman parte del Parque Nacional Cotacachi Cayapas, en imbabura, se redujeron a cenizas tras un incendio forestal que lleva activo más de 30 horas. El fuego avanza sin control a más de 3 mil metros de altura, alimentado por la sequedad de los páramos y los fuertes vientos que azotan la cordillera. 23 FOCOS ACTIVOS Y UN COE EN ALERTA La emergencia obligó a las autoridades a activar el COE cantonal de Cotacachi. Este martes, un contingente de 50 personas de cuatro instituciones públicas ingresó a la zona para abrir nuevos frentes de combate. La Secretaría de Gestión de Riesgos y el Ministerio de Ambiente y Energía catalogaron el incendio como de alta complejidad, debido a la extensión del terreno y las dificultades de acceso. En lo que va de 2025, la provincia ha sufrido 27 incendios forestales que dejaron un saldo de 35,77 hectáreas destruidas. Sin embargo, este siniestro ha multiplicado esas cifras en cuestión de horas, convirtiéndose en eincendio más devastador del año en Imbabura y uno de los más graves registrados en la región en la última década.

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INCENDIO FORESTAL DEVORA LOS PÁRAMOS DE PIÑÁN

Un incendio de gran magnitud consume desde la madrugada del lunes más de 900 hectáreas en el sector de Pantaví, parroquia Piñán, en Cotacachi, provincia de Imbabura. El fuego sigue propagándose con fuerza pese a los esfuerzos conjuntos de bomberos, guardaparques y comuneros. Hasta la noche del lunes, el panorama era crítico: el fuego avanzaba sin control en los frágiles ecosistemas de páramo, poniendo en riesgo no solo la biodiversidad, sino también las fuentes hídricas que abastecen a varias comunidades de la zona norte del país. Las brigadas se desplegaron en condiciones adversas de altura y difícil acceso. Este martes 19 de agosto, 6 funcionarios del Municipio de Cotacachi,  32 especialistas en control de incendios del Ministerio de Ambiente, 8 bomberos y 4 miembros del GAD parroquial de Imantag, ingresaron a la zona, para combatir las llamas, según informó Geovany Zamora, comandante del Cuerpo de Bomberos de Cotacachi. La Secretaría de Gestión de Riesgos mantiene activa la coordinación interinstitucional y advierte que el incendio es de gran complejidad.

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SINCHI WARMIKUNA, DE LAS COMUNIDADES DE IMBABURA A UN ESCENARIO INTERNACIONAL

Nueve mujeres y cinco músicos conforman el colectivo Sinchi Warmikuna, un grupo de cantoras comunitarias que desde Imbabura ha logrado convertir la memoria de sus abuelas en un proyecto artístico que empieza a trascender fronteras. Con raíces en los pueblos cayambis, caranquis y otavalos, sus integrantes rescatan la fuerza de la voz como un instrumento vivo, capaz de contar la historia de sus comunidades. Luego de una década de trabajo, llegarán por primera vez a un escenario internacional: el Festival Orígenes: Sonidos y Saberes Ancestrales, en Bogotá, Colombia, evento que se desarrollará del 27 al 31 de agosto. “Sinchi Warmikuna significa literalmente mujeres fuertes, pero nosotras hemos hecho el ejercicio como de dar un contenido distinto y nos identificamos como mujeres que hablan de frente”, explica Ana Cachimuel, coordinadora de la agrupación. El colectivo se consolidó durante la pandemia y desde entonces ha dado un nuevo sentido al canto comunitario femenino. Sus letras nacen de la vida cotidiana y de la memoria ancestral: “Cantamos a la siembra, cantamos a la cosecha, cantamos a un hijo que se fue, cantamos a la mamá que ya no está aquí”, dice Cachimuel, convencida de que su música es un puente para fortalecer la identidad y la lengua. El trabajo vocal que realizan rompe esquemas. En las comunidades andinas, el canto tradicional se interpreta al unísono, pero Sinchi Warmikuna ha decidido explorar la polifonía vocal, arriesgándose a innovar sin perder la raíz. Cada canción recupera tonos, fraseos y formas de canto propios de los pueblos originarios, y al mismo tiempo se abre a una propuesta artística que dialoga con nuevos públicos. UN RETO ARTÍSTICO Y COLECTIVO Ese proceso no ha sido sencillo. “El mayor desafío que han tenido las compañeras es poder encontrar la posibilidad de cantar otras voces, que no sean las melodías en primeras líneas que son las que están acostumbradas a cantar en sus pueblos”, dijo Óscar Betancourt, director y arreglista del grupo, La propuesta instrumental —que incluye guitarra, bandolín, percusión y vientos andinos— se ha diseñado como un telón sonoro que realza, pero no eclipsa, las voces femeninas. “Lo musical está por detrás de las voces, siendo las voces el principal motor de las Sinchi Warmikuna”, enfatiza Betancourt. El repertorio que llevarán a Colombia está compuesto por 14 canciones, algunas en unísono y otras en arreglos de hasta cuatro voces, que muestran la amplitud del registro femenino andino: desde agudos penetrantes hasta tonos graves y profundos. Su presentación será el 31 de agosto en el emblemático escenario al aire libre La Media Torta, en Bogotá, donde cerrarán la programación junto a la agrupación colombiana Kaipimikanchi. Además, participarán en la agenda académica del festival con una ponencia sobre su proceso organizativo. “Nos parece muy importante, después de nuestro esfuerzo, después de nuestro trabajo arduo, pues hemos venido luchando por conseguir espacios dentro de nuestro propio territorio, aquí en Ecuador, y no lo hemos conseguido, pero las miradas desde otros pueblos, como Bogotá, han sido sensibles para considerar el trabajo de las mujeres cantoras quichuas”, comentó Cachimuel. En cada presentación, Sinchi Warmikuna demuestra que cantar es también resistir, transmitir memoria y sembrar futuro. Sus voces, que nacieron en los patios y mingas de las comunidades, hoy se escucharán en un escenario internacional, llevando consigo el eco de las abuelas y la fuerza de la raíz.

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