Angochagua

Imbabura

PREFECTURA IMPULSA MANEJO RESPONSABLE DEL AGUA EN ACTIVIDAD GANADERA EN ZONAS RURALES DE IMBABURA

Desde ahora, el ganado ya no tendrá que caminar largas distancias para encontrar agua. En las comunidades rurales de Imantag en Cotacachi, y Angochagua en Ibarra, esa escena cotidiana comenzó a quedar atrás luego de la entrega de nuevos sistemas de abrevaderos que aseguran agua limpia y permanente en los corrales. La intervención benefició a más de 100 familias campesinas de estas dos parroquias rurales de Imbabura. La entrega fue gestionada por el prefecto Richard Calderón, como parte de acciones enfocadas a sostener la producción pecuaria en estas zonas. Los kits incorporan tanques con flotador y válvulas automáticas, lo que permite regular el consumo de agua, evitar desperdicios y mantener condiciones sanitarias adecuadas para el ganado. Con ello, se reduce el contacto directo de los animales con quebradas y vertientes. En Imantag, 52 familias de Morlán, Peribuela, Pucalpa, Alambuela, Carbonería, Quitumba y Perafán accedieron a los equipos. En Angochagua, otras 53 familias de La Rinconada, Chilco, Zuleta y Cochas fueron incluidas en esta entrega. El efecto es inmediato en el territorio. Menos desplazamiento del ganado, menor presión sobre zonas altas y protección de las fuentes hídricas, al tiempo que se fortalece una actividad clave para la economía familiar.

Ibarra

EL BORDADO DE ZULETA, UNA TRADICIÓN DE 125 AÑOS QUE YA ES PATRIMONIO CULTURAL DEL ECUADOR

En los hogares de la comunidad Zuleta, de la parroquia rural de Angochagua, suroriente de Ibarra, los hilos de algodón de colores se convierten en flores, colibríes y sueños. Allí, más de 500 mujeres mantienen viva una tradición que empezó hace más de 120 años, y que luego de un proceso extenso de investigación, fue reconocido oficialmente como Patrimonio Cultural Inmaterial del Ecuador. Las primeras puntadas de esta historia se remontan a los inicios del siglo XX, cuando las mujeres indígenas bordaban su vestimenta inspiradas en los paisajes del páramo. Desde entonces, el oficio ha pasado de madres a hijas, enlazando generaciones enteras. “Yo aprendí viendo a mi madre, y ahora mis hijas siguen el mismo camino”, relató Magaly Casa, una de las artesanas que ha dedicado su vida a esta labor. DE LAS HACIENDAS A LOS TALLERES COMUNITARIOS El bordado de Zuleta evolucionó con el paso del tiempo. A mediados del siglo pasado, María Avelina Lasso de Plaza, esposa del expresidente Galo Plaza Lasso, impulsó la creación de nuevas piezas decorativas en la hacienda Zuleta, transformando los diseños tradicionales en productos de uso doméstico: manteles, toallas y blusas bordadas a mano que pronto trascendieron las fronteras del pueblo. Hace tres décadas, un grupo de trece artesanas decidió organizarse y fundó la Asociación de Bordadoras y Artesanos de Zuleta, una agrupación legalmente constituida que mantiene talleres en la comunidad y expone sus obras en el centro cultural local. Cada bordadora lidera a su propio grupo de colaboradoras, multiplicando el impacto económico del oficio en la zona. ARTE, PACIENCIA Y ECONOMÍA FAMILIAR Una blusa típica puede tardar cinco días en completarse, mientras que un mantel grande requiere hasta mes y medio de trabajo constante. Las piezas más pequeñas, como los portavasos, se elaboran en una jornada. Todo se realiza con hilos de algodón de alta calidad, capaces de resistir el paso del tiempo sin perder color ni textura. “Un buen bordado puede durar más de 30 años”, dijo María Chachalo, artesana local. Los precios varían según la complejidad: desde tres dólares con cincuenta por un portavaso, hasta más de doscientos por un mantel grande. El reciente reconocimiento nacional es más que un título: es la validación de una herencia viva que simboliza la independencia y la creatividad de las mujeres de Zuleta. Con sus manos, ellas no solo bordan telas, sino también la memoria y el futuro de su pueblo.

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