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TRES FRENTES VIALES SON ATENDIDOS TRAS DESLIZAMIENTOS EN IMBABURA

Publicidad Las lluvias de las últimas horas volvieron a poner en evidencia la fragilidad de varias carreteras rurales de Imbabura. Derrumbes de tierra y material rocoso bloquearon tramos de las vías Atuntaqui–Imantag, La Delicia y Tabla Chupa, en la zona de Intag, generando preocupación entre conductores y comunidades que dependen de estos caminos para movilizarse y sacar su producción. Ante los deslizamientos, maquinaria de la Prefectura se trasladó de inmediato a los puntos críticos para retirar el material acumulado y habilitar el paso vehicular, informó Richard Calderón, titular de esa institución. Los trabajos se concentraron en limpiar la calzada y asegurar la transitabilidad, especialmente en sectores donde el cierre de las vías afecta directamente a agricultores, estudiantes y transportistas. Las labores permitieron recuperar la conectividad en tramos estratégicos, evitando que las comunidades queden aisladas por más tiempo. En zonas como Imantag e Intag, estas carreteras no solo conectan poblados, sino que son la principal vía para el comercio local y el acceso a servicios básicos. Mientras continúan las precipitaciones, los técnicos del gobierno provincial recomiendan precaución al circular por estas rutas, ya que persiste el riesgo de nuevos deslizamientos. La atención se mantiene en los puntos más vulnerables, con el objetivo de mantenerlos habilitados y reducir el impacto de la temporada invernal en la vida diaria de la población rural.

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AISLADOS POR DESLAVES: SIGSIPAMBA Y CHUGA, DOS PARROQUIAS EN EMERGENCIA

En lo alto de Pimampiro, donde el frío cala los huesos, la tierra se quebró. En la parroquia rural San Francisco de Sigsipamba, un gigantesco derrumbe arrasó con al menos 10 metros de la vía principal. Los caminos alternos también están bloqueados por deslaves. Los deslizamientos, producto de las intensas lluvias caídas en las últimas 72 horas, aislaron por completo a cerca de 2.000 personas que habitan en esa localidad y que hoy viven atrapadas entre montañas inestables y el temor de que la tierra siga cediendo. El enorme socavón no solo cortó un camino, también impide la llegada regular de víveres. Lo que antes era un trayecto de minutos, ahora se convierte en una travesía de riesgo y fe: cruzar a pie por encima del lodo y las piedras, bordeando el vacío, mientras por la montaña sigue drenando agua. CHUGA, ENTRE LODO Y SOLEDAD En condiciones igual de precarias, tres comunidades de la parroquia de Chuga, también quedaron incomunicadas, informó Danilo Benavides, presidente de Junta Parroquial. Las lluvias provocaron múltiples derrumbes en la zona, bloqueando los caminos y dejando a 400 familias sin posibilidad de salir. Las más afectadas son madres con niños pequeños, adultos mayores y campesinos que han visto sus cultivos empaparse sin remedio. Ambas parroquias, con un total de 4.000 habitantes, han declarado la emergencia. En medio de la desesperación, las autoridades de estas comunidades claman por ayuda, mientras el COE cantonal se activó para realizar una evaluación técnica de los daños y coordinar una respuesta inmediata. SIN AGUA Y SIN SALIDA A la tragedia del aislamiento se suma otra crisis: la falta de agua potable. El incremento del caudal de los ríos Mataquí, Pisque, Blanco Verde y Chota, afectó las captaciones que abastecen a estas comunidades. El 80% de la población de Sigsipamba y Chuga no tiene acceso al servicio básico 22 horas al día. «Solo en las mañanas nos dan agua de 7 a 9», informó Benavides. EN EL CHOTA, EL RÍO SE LLEVÓ LA MAQUINARIA En la parte baja del cantón, la comunidad de Chalguayacu, en el Valle del Chota, también enfrenta estragos por las lluvias. La captación de agua local en el sector conocido como Bocatoma, que dota del servicio a Juncal, Carpuela y Chota en Ibarra, Imbabura y a otras tres comunidades de Carchi, está inhabilitado. En esta zona más de 4 mil personas están afectadas, según Richard Congo, presidente de la comuna Juncal-Chalguayacu. Durante las labores de limpieza, una máquina quedó atrapada en medio del río, rodeada por la corriente, sin poder ser retirada hasta que bajen las aguas.

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