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LAGO SAN PABLO, UN ECOSISTEMA EN RIESGO DE MUERTE

A los pies del volcán Imbabura, el lago San Pablo aún cautiva con su reflejo perfecto. Pero ese espejo engaña. Bajo su superficie, el mayor cuerpo de agua del Ecuador está contaminado con aguas negras. El diagnóstico es grave: una investigación de la Universidad Central del Ecuador evidenció su alto nivel de contaminación, y la sentencia de un juez constitucional señaló al municipio y a la Empresa Municipal de Alcantarillado y Agua Potable deOtavalo (EMAPA-O) como las entidades responsables. Sin embargo, las acciones para salvarlo son insuficientes. Una de las primeras tareas ejecutadas por el Cabildo, para remediar los daños ambientales fue reemplar las bombas de succión dañadas en la estación de transferencia de la comunidad Pucará de Velásquez, al norte del lago. «Sacaron toda el agua que estaba almacenada en la estación, agua sucia, y tuvieron que botar a la laguna. Es por eso que se mantiene todo ese mal olor y toda esa agua que está contaminada», indicó Diego Conejo, líder de la comunidad. TRES PLANTAS DE TRATAMIENTO YA ESTÁN OPERATIVAS En un intento por responder, el Municipio de Otavalo anunció la reactivación de las plantas de tratamiento de aguas residuales de Camuendo, La Compañía y Pivarinsig, luego de estar apagadas al menos un año. El gerente EMAPA-O, Mauricio Realpe, dijo que el problema se originó «por un descuido, por una desconcentración» de los funcionarios de la institución. Explicó que los procesos para comprar los repuestos se cayeron hasta cuatro veces. Y aunque esos tres sistemas ya fueron arreglados y están operando, el panorama general sigue siendo alarmante: las otras 11 plantas tienen problemas o están fuera de operación. Para repararlas y garantizar su buen funcionamiento durante los próximos seis años, se necesitan dos millones de dólares, informó Realpe. «Y necesitamos entre dos y tres años para darles mantenimiento y repotenciarlas, en función del tiempo y de la disponibilidad de recursos. Es decir que de aquí a cuatro años, tendríamos, en teoría, todas las plantas de tratamiento funcionando correctamente», explicó el titular de EMAPAO. En las comunidades de Araque y Gualacata, el panorama es preocupante. Los aguas residuales de esas poblaciones no ingresan a las plantas de tratamiento porque están colapsadas. Los habitantes de estas zonas denunciaron que esas corrientes fueron desviadas al sistema de alcantarillado, que descarga directamente en los ríos Quinde e Itambi, respectivamente. Ambos afluentes desembocan en el lago. En paralelo, el municipio ha impulsado mingas comunitarias de limpieza. La más reciente fue realizada el fin de semana pasado. En esas iniciativas se han retirado de las orillas del lago casi dos toneladas de desechos sólidos. Sin embargo, Pedro Quishpe, presidente de la comunidad Huaycopungo, dijo que esas acciones son pañitos de agua tibia frente a un problema crónico. “Esto no se arreglará con limpiar, hacer mingas o construir otros tanques. Para solucionar esto debe haber un anillo de alcantarillado alrededor del lago», concluyó el dirigente.

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SENTENCIA HISTÓRICA: EMAPAO Y MUNICIPIO DE OTAVALO RESPONSABLES DE LA CONTAMINACIÓN DEL LAGO SAN PABLO

Un juez constitucional determinó que ambas entidades vulneraron los derechos de la naturaleza. La decisión exige un plan de remediación ambiental urgente para salvar uno de los íconos naturales del Ecuador. El 8 de julio de 2025 marcó un antes y un después en la defensa del Lago San Pablo. En una audiencia decisiva, un juez constitucional acogió la acción de protección presentada a favor de los derechos del lago y declaró responsables a la Empresa Pública de Agua Potable de Otavalo (EMAPAO) y al Municipio de Otavalo por su negligencia en el manejo de aguas residuales. La resolución reconoce la vulneración de los derechos de la naturaleza y ordena la ejecución de un plan de remediación ambiental, en coordinación con otras instituciones del Estado. El proceso legal, identificado con el número 10311-2025-00496, se sustentó en pruebas técnicas, testimonios ciudadanos y años de denuncias que alertaban sobre la progresiva contaminación del cuerpo de agua más grande del país. Organizaciones como Unidos por la Pachamama celebraron la sentencia como una victoria histórica. “Imbakucha no podía esperar más. Esta decisión le devuelve voz a la naturaleza”, expresó Inti Chuquirima, vocero del colectivo. AGUAS NEGRAS, SILENCIO OFICIAL Y UN LAGO QUE AGONIZA Durante años, San Pablo ha sido testigo de un deterioro que hoy amenaza su existencia. Según datos de la Corporación para la Defensa del Lago (Codelspa), entre 18 y 20 litros por segundo de aguas servidas —sin tratamiento— se vierten directamente al lago. Estas descargas provienen de comunidades, barrios y parroquias enteras que carecen de infraestructura sanitaria adecuada. La falta de planificación y la inacción institucional han convertido al lago en un sumidero de desechos domésticos, químicos y orgánicos. Los análisis han evidenciado la presencia alarmante de coliformes fecales, especialmente en zonas donde desembocan canales y quebradas contaminadas. Esto representa un riesgo sanitario directo para las más de 84.000 personas que viven en la cuenca del lago, lo que equivale al 70% de la población del cantón Otavalo. «Si no se actúa de inmediato, el Lago San Pablo podría morir en un plazo no mayor a dos años”, advirtió el doctor Max Bonilla, investigador de la Universidad Central del Ecuador, quien hizo un análisis de muestras de agua del San Pablo COMUNIDADES AFECTADAS Y UNA NATURALEZA HERIDA Para las comunidades indígenas kichwas, el lago no es solo un recurso hídrico: es un ser vivo, un espacio sagrado, un símbolo espiritual. “Nuestros abuelos nos enseñaron que Imbakucha siente, respira, se enferma. Y hoy está enferma por culpa del abandono y la irresponsabilidad”, dice Alfredo Cabascango, comunero de Araque. A su alrededor, los niños juegan junto a orillas turbias, entre bolsas de plástico y aguas oscuras. La pesca ha disminuido drásticamente y el turismo, una fuente vital para la economía local, ha comenzado a desvanecerse. Tras la sentencia, EMAPAO y el Municipio están obligados a presentar un plan integral de remediación ambiental. Este incluirá medidas urgentes para contener la contaminación, restaurar las zonas afectadas y establecer sistemas de tratamiento sostenibles. Aunque aún no se conocen los detalles de la sentencia escrita, se anticipa que exigirá responsabilidades técnicas y administrativas concretas. UNA SENTENCIA QUE PUEDE CAMBIARLO TODO La decisión judicial marca un hito en la jurisprudencia ambiental del país. Reconoce al Lago San Pablo como sujeto de derechos y obliga a las instituciones a responder por años de omisión. Para los colectivos que han luchado por esta causa, el fallo no es solo una victoria jurídica, sino una oportunidad para revertir décadas de daño. MAATE IMPONE MULTA DE 23.460 DÓLARES Por la misma razón, el Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica (MAATE) sancionó al Municipio de Otavalo y a la EMAPAO-EP por su responsabilidad en la contaminación del Lago San Pablo. Tras inspecciones técnicas y análisis de laboratorio, se comprobó el vertido de aguas residuales sin tratamiento adecuado, así como incumplimientos en parámetros bacteriológicos, aceites y grasas. Como resultado, el MAATE impuso una multa de 51 salarios básicos unificados, equivalentes a 23.460 dólares, y ordenó la ejecución inmediata de un plan de remediación ambiental. El mismo deberá restablecer el funcionamiento de las infraestructuras fuera de servicio y optimizar las plantas de tratamiento, para evitar nuevas descargas al lago.

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