
- Por Christian Tinajero
El fuego no da tregua. Durante 96 horas consecutivas, brigadistas, bomberos y guardaparques de distintas partes del país, han librado una batalla extrema contra las llamas que consumen el Parque Nacional Cotacachi Cayapas, en la zona de Piñan del cantón Cotacachi. Hasta este viernes, la emergencia ha dejado 1.485 hectáreas arrasadas, equivalentes a 2.000 canchas de fútbol, y mantiene activos dos focos de fuego.
Uno de los frentes más críticos está en Pantaví a los pies del cerro Yanahurco, a 3 horas y media de la zona urbana de Cotacachi. Allí, bomberos de esa localidad, con el apoyo de bomberos de Quito, Ibarra y Urcuquí, junto a guardaparques de Imbabura y Cotopaxi, enfrentan jornadas de hasta 10 horas ininterrumpidas de soficación de las llamas. A su lado, trabajan unos 50 comuneros que decidieron sumarse, pese al riesgo.
“Hemos establecido un campamento en una zona segura, frente al incendio, para abastecer de hidratación, alimentación y logistica a nuestro personal. Aquí pernoctaremos hasta liquidar por completo el fuego», manifestó Geovanny Zamora, Comandante del Cuerpo de Bomberos de Cotacachi y jefe del operativo.

Según Marco Quinotoa, jefe de la Brigada de Apoyo Contra Incendios de Quito, las condiciones topográficas y el viento que alcanza los 40 kílómetros por hora y cambia de dirección inesperadamente, dificultan las tareas de control. Con drones, monitorean el avance del siniestro y despliegan al personal, según la necesidad.
Este viernes, en el quinto día de operaciones, 130 bomberos y guardaparques intentan frenar el avance con la técnica del fuego controlado, en donde los brigadistas encienden una línea de llamas que avance en dirección del viento y se una al incendio principal para restarle combustible y sofocarlo.
El otro foco de este incendio forestal, el de mayor magnitud de 2025 en el país, avanza en el flanco occidental de la cordillera, a 4.000 metros de altura, hacia la parroquia Buenos Aires de Urcuquí. Aunque el COE Cantonal asegura que el incendio está controlado en un 70%, la magnitud del desastre ambiental revela que la lucha aún no termina.
