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El retorno no siempre hace ruido. A veces llega en silencio, con una maleta gastada, un abrazo pendiente y el olor intenso de la tierra mojada. En la comunidad Peguche, al norte de Otavalo, el Pawkar Raymi 2026 comenzó así en miles de hogares: con un reencuentro. Afuera, las calles se llenaban de música y color, sí, pero también de pasos que volvían a marcar el mismo camino después de años lejos. Para los dueños de esas pisadas, el desfile inaugural fue deseo compartido de vivir el tiempo de florecimiento cerca de casa, de los suyos.
La fiesta nace del agradecimiento a la tierra por la vida que brota en los campos. Es una fecha trascendental del calendario andino agrofestivo convertido en memoria viva. Pero en Peguche el Pawkar Raymi también es un mapa emocional, que se ramifica como árbol centenario. Aquí regresan los mindalaes, los comerciantes que llevaron Otavalo a otras latitudes y que, cada año, ajustan su vida para coincidir con estas fechas. No vienen solo a mirar. Vienen a cumplir cargos, a honrar promesas, a sentarse otra vez en la mesa familiar.
Segundo Gramal volvió desde Noruega con una decisión tomada. No fue un viaje corto ni simbólico. Asumió el priostazgo principal y, con él, una vida entera reordenada. “Dejé Noruega en Octubre, porque debía estar aquí en Peguche para preparar y planificar esta que significa mucho para nosotros, dijo, como quien mide el tiempo por responsabilidades y no por distancias. En Peguche, este cargo no se delega, es un honor que se lo lleva a la tumba. Cada ritual, cada encuentro, cada jornada lo confirma.
Dayra Camuendo tiene 26 años y vive en Londres. Llegó al país hace 8 días y se vistió de gala para acompañar al Coraza, con blusa bordada, anaco , faja, alpargatas y manillas en su brazos y hualcas en su cuello. Tiene una sonrisa siempre que se la mira. Cómo si la tuviera tatuada en su rostro. Cómo si estar en Peguche fuera la mejor parte de su vida. Por eso ahorra durante meses para regresar justo antes del Pawkar Raymi. No improvisa el retorno.
“Y me quedo hasta marzo, entonces tengo todo el mes para disfrutar de las fiestas, compartir con mis familiares, ver a mis amigos, a toda mi gente”, cuenta.
CUANDO EL REENCUENTRO MUEVE LA ECONOMÍA
Pero el Pawkar Raymi 2026 no termina en el desfile. La programación se extiende hasta el 22 de febrero, con rituales ancestrales, encuentros culturales, presentaciones artísticas y espacios de reunión comunitaria. El reencuentro también tiene impacto concreto. Según Anabel Hermosa, en lo que va del año unos 20 mil mindalaes han regresado a la ciudad.
“Este fenómeno dinamiza la economía en al menos 1,5 millones de dólares”, precisó la autoridad.

El punto más alto de la agenda es el Mundialito Indígena de Fútbol. 30 equipos se inscribieron para disputar una réplica de la Copa de la FIFA intervenida con símbolos otavaleños, en la trigésima edición de esta celebración andina. Solo en el primer día, más de 10 mil personas se congregaron alrededor de la cancha. No todos juegan. Muchos miran. Otros reconocen caras que no veían desde hace años.
En Peguche, el Pawkar Raymi no es solo una fiesta. Es un regreso ordenado por la memoria. Un recordatorio de que, aunque el lugar de trabajo quede lejos, hay fechas que llaman. Y cuando llaman, Otavalo vuelve a florecer.
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