ANDREA CAZAR, LA IMBABUREÑA QUE QUIERE LLEVAR SU VOZ A LA FISCALÍA GENERAL DEL ESTADO

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A las siete de la mañana, mientras la ciudad de Ibarra despierta entre el ritmo cotidiano, Andrea Cazar ya está en pie. Atiende entrevistas radiales, habla con serenidad de un desafío que podría cambiar el rumbo de su vida.

Entre 75 postulantes que buscan dirigir la Fiscalía General del Estado, su nombre aparece como una singularidad: es la única candidata proveniente de Imbabura.

Su voz no suena grandilocuente. Más bien transmite la calma de quien ha recorrido un camino largo antes de decidir dar este paso. “Lo importante es participar y ver cómo uno va creciendo en el proceso”, dice, consciente de que el concurso apenas empieza y que cada fase será una prueba distinta.

UNA VIDA MARCADA POR LA BÚSQUEDA DE ESPACIOS

La historia de Andrea Cazar no comenzó en los despachos judiciales ni en los expedientes jurídicos. Mucho antes de convertirse en abogada, su primera lucha, cuando era adolescente, fue en el deporte. Fue ciclista, nadadora y triatleta, y recuerda que en más de una competencia ni siquiera existía una categoría para mujeres.

Aquellas primeras batallas marcaron su carácter.

“Pedíamos que se abran las categorías femeninas. A veces éramos dos o tres, pero había que abrir ese espacio”, recuerda.

Con el tiempo llegaron otros escenarios públicos. Fue Reina de Ibarra, un título que para ella significó una oportunidad de trabajo social. Desde esa vitrina impulsó campañas ambientales y programas de apoyo a grupos vulnerables, experiencias que la acercaron a la realidad de los barrios y comunidades.

Esa cercanía con la gente la llevó a la política local. Fue concejala de Ibarra durante dos periodos: de 2000 a 2004 y de 2005 a 2009, donde impulsó ordenanzas relacionadas con la prevención de la violencia contra la mujer y la regulación del ruido en la ciudad, entre otras iniciativas.

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DE LA COMUNICACIÓN AL DERECHO

Su camino profesional tampoco fue lineal. Antes de convertirse en jurista, Andrea Cazar se formó como comunicadora organizacional, una carrera que ejerció hasta que una figura familiar marcó un nuevo rumbo.

Su padre era abogado.
Su recuerdo sigue presente en cada decisión importante. “Él fue quien me inspiró a estudiar Derecho. Creo que desde el cielo está orgulloso”, dice con emoción.

Desde 2010 ejerce la profesión jurídica, acumulando experiencia en distintas instituciones del sistema judicial ecuatoriano. Ha trabajado en la Defensoría Pública, el Consejo de la Judicatura y el Consejo de Participación Ciudadana, desempeñando funciones tanto jurídicas como administrativas.

En su trayectoria también aparecen tres maestrías: en Derecho Civil y Procesal Civil, Derecho Constitucional y Comunicación Organizacional, además de diplomados en gobernabilidad y derecho penal.

Entre 2021 y 2024 fue directora provincial de la Defensoría Pública, un cargo desde el cual gestionó servicios legales para personas en condición de vulnerabilidad.

EL RETO DE LA FISCALÍA

El proceso para aspirar a la Fiscalía General no es sencillo. Para presentar su candidatura debió reunir 21 documentos oficiales, entre certificaciones estatales, declaraciones notarizadas y registros digitales que acreditan experiencia profesional, probidad y ausencia de impedimentos legales.

Su postulación quedó registrada como la número 28 de las 75 presentadas a nivel nacional.

Ahora inicia la fase de verificación documental, donde la Comisión Ciudadana de Selección revisará cada expediente antes de permitir que los aspirantes continúen en el concurso.
Andrea lo sabe bien. Ya participó en procesos similares dentro de la función judicial.

Por eso no se adelanta a los resultados.
“Primero viene la admisibilidad, luego la calificación de méritos, el escrutinio público y finalmente la oposición. Es un proceso largo”, explica.

En medio de un país atravesado por la crisis de seguridad y la desconfianza institucional, aspirar a dirigir la Fiscalía General implica también un acto de valentía. Andrea Cazar lo reconoce sin rodeos. “Es un reto que asumo como mujer, como imbabureña y también de manera muy personal”, afirma.

Sin embargo, más allá del cargo, lo que más le ha sorprendido es la reacción de la gente. En los últimos días, dice, ha recibido mensajes de apoyo, llamadas y palabras de aliento de ciudadanos que ven en su candidatura una representación simbólica de la provincia. “Sentir que otras personas creen en ti te da mucha fuerza”, confiesa.

Quizás por eso, cuando habla de su aspiración, no lo hace en singular.
Porque en cada palabra aparece una convicción que repite varias veces durante la entrevista: “No solo llevo mi nombre. También llevo el nombre de Imbabura”.


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