
- Por Amparito Rosero
Con bombos, guitarras y flautas como armas, un joven guerrero indígena ecuatoriano enfrenta a los espíritus en una dimensión andina. Así comienza Aya Somos, el primer anime creado íntegramente en lengua quichua, desde el corazón del cantón Otavalo. Es una producción que mezcla estética japonesa con narrativa ancestral, impulsada por un colectivo de jóvenes que decidieron contar sus historias desde sus raíces.
UNA AVENTURA VISUAL DESDE HATUN RUMI
El proyecto se gestó en la comunidad Hatun Rumi, donde 12 jóvenes indígenas, todos quichuahablantes, dieron forma a una producción sin precedentes en el país. No hay grandes estudios ni presupuestos millonarios. Solo talento, identidad y una visión clara: contar al mundo lo que significa ser joven, indígena y andino en el siglo XXI.

El protagonista es Aya, un guerrero que no empuña espadas, sino melodías. Atrapado en Chupacha, una dimensión mística poblada por dioses ancestrales, defiende su cultura con la fuerza de la música tradicional. Sus instrumentos —el bombo, la flauta y la guitarra— se convierten en armas simbólicas para resistir el olvido y la colonización cultural.
UNA SERIE QUE RESPIRA ANDES

En los dos primeros capítulos, de 40 minutos de duración cada uno, desfilan paisajes de páramo, nevados, y vestuarios con anacos, sombreros, ponchos y alpargatas. Todo está narrado en quichua, sin traducción, como una afirmación de orgullo identitario. “Solo hablando en nuestra lengua podemos llegar al corazón de lo que queremos contar”, dice Tupac Amaru, director de Yay Animation, productora que creó la historia.
El anime no solo es un homenaje a la cultura, también es una propuesta estética con ambición global. “Queremos que esto se vea en todo el mundo”, afirma Yuyak Chiza, de 25 años, animador del equipo, formado en Quito en técnicas de animación 2D y 3D. Desde niño soñaba con dibujar historias y hoy lo hace con sello propio.

INFANCIA, VOCES Y SUEÑOS QUE SE ANIMAN
Nina Yamberla, de apenas 11 años, prestó su voz a uno de los personajes y ya sueña con convertirse en actriz. La música original también nació del mismo colectivo, inspirada en danzas, fiestas y rituales de la región andina. Pero la serie es apenas el primer paso para este colectivo de soñadores.
“Aya Somos es parte de un proyecto mayor: una película completa en kichwa que esperamos estrenar en un año”, asegura Tupac Amaru. Su sueño es inmenso, pero claro: “Queremos llegar a ganar un Globo de Oro o un Oscar”.
Con pocos recursos pero con mucha creatividad, estos jóvenes de Otavalo demuestran que el anime también puede hablar quichua, vestir poncho y tener alma de montaña.
