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En las comunidades kichwas de Imbabura, la celebración no comienza con discursos ni tarimas, sino con manteles extendidos sobre la tierra o la hierba.
La Pambamesa o pampa mesa tiene raíces profundas en las sociedades indígenas de la región andina ecuatoriana y forma parte de una práctica comunitaria ancestral cuya etimología proviene del kichwa pampa “suelo” o “tierra”, y del español mesa, es decir, una “mesa sobre la tierra”.
Esta tradición se remonta a las formas de convivencia y reciprocidad que caracterizaban a los pueblos andinos antes y durante la época colonial, en las que compartir alimentos en un mismo espacio, extendidos sobre manteles en el piso, simbolizaba solidaridad, igualdad social y agradecimiento por los frutos de la Pacha Mama o madre tierra en español.

En parroquias como Peguche, en el norte del cantón Otavalo, esta tradición toma fuerza durante festividades como el Pawkar Raymi, cuando cientos de migrantes otavaleños regresan y se reúnen con sus familias para celebrar el florecimiento de los cultivos.
La preparación empieza con una premisa clara: la conexión con la Pacha Mama es esencial. Por eso los alimentos se colocan directamente sobre esteras, plásticos o manteles blancos tendidos al ras del piso.
Las warmis, madres y abuelas, asumen el liderazgo. Cocinan con leña cuando es posible y utilizan productos cultivados en sus propias chacras. No se emplean condimentos artificiales.

Maíz tostado, fréjol, arveja, chochos, papas, arroz, choclo y carnes de cuy, cerdo o gallina forman parte del banquete. No existe una receta rígida: cada familia aporta lo que tiene, pero en cantidad suficiente para todos. No importa si el evento convoca a 10 o a 100 personas.
Luz María Córdoba, guardiana de esta práctica ancestral en Peguche, explica que “no hay una sola manera de hacer la Pambamesa. Cada familia aporta lo que produce. Lo importante es que alcance para compartir”. Añade que “cuando se mezcla todo sobre el mantel blanco, se unen los sabores de cada hogar”.
UN RITUAL DE REENCUENTRO QUE NO ADMITE SOBRANTES
Cuando la música en kichwa y español comienza a sonar en la cancha de Peguche, escenario principal del Pawkar Raymi, llegan los recipientes llenos de alimentos cocidos. Estos se vacían y se integran en una sola gran porción colectiva. El alimento deja de pertenecer a una familia para convertirse en comida de todos.
La distribución es inmediata y equitativa. “Aquí no debe sobrar nada”, recalca Luz María. En el pasado, los alimentos se entregaban en hojas de col; luego en fundas plásticas; hoy se utilizan platos desechables. Sin embargo, una regla permanece intacta: se come con la mano, sin cubiertos, para activar los sentidos y mantener el vínculo directo con la comida y la tierra.
Más que un banquete, la Pambamesa es un acto simbólico. Convoca a quienes migraron y regresan por la fiesta, a los niños que aprenden observando y a los mayores que custodian la tradición. En cada puñado compartido con propios y foráneos, se refuerza una decisión colectiva: no renunciar a la identidad ni a las raíces que sostienen a los pueblos andinos de Imbabura.
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